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Y pensad en lo que significa eso. Un
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niño de 8 años que llega de Mali, que
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tiene que adaptarse a un país nuevo, a
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un idioma nuevo, a una cultura nueva y
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encima tiene que competir cada día
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contra los mejores niños de su edad
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[música] en una de las canteras más
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exigentes del mundo. La Masía no es un
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sitio fácil. Cada año entran decenas de
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chavales con un talento brutal y la
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mayoría se quedan por el camino. Los
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filtros son durísimos y Samano Moko los
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fue superando todos uno detrás de otro
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sin hacer ruido, pero sin fallar ni una
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sola vez. En la Masía cuentan una
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anécdota muy buena de él. De pequeño, si
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perdía los partidillos de entrenamiento,
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se iba llorando, pero no llorando por
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drama, llorando de rabia. Ese espíritu
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competitivo, esa mentalidad de no
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aceptar la derrota, lo ha tenido desde
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siempre. Y es algo que los entrenadores
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valoran muchísimo, porque el talento sin
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carácter en la masía no te lleva a